CONFIRMACIONES Y PRIMERAS COMUNIONES

Querida familia parroquial, todo este mes de mayo está repleto de celebraciones gozosas. Adelantándonos a la cosecha del cereal, nos toca recoger los frutos de lo sembrado estos últimos cursos de catequesis. Primero fueron las confirmaciones, 27 jóvenes de la parroquia se abrieron al Don del Amor de Dios, el Espíritu Santo; desde el fin de semana pasado se vienen celebrando las primeras comuniones de más de 50 niños. También este mes ha sido salpicado de bautizos. Hermosos frutos, anticipo de futuras cosechas…Elevamos una acción de gracias a Dios por tanta misericordia y a todos los que de una manera u otra habéis participado de este trabajo orquestal (catequistas, padres, curas…) gracias.

Todo don es tarea. Todo don es responsabilidad. ¿Dónde queda nuestro bautismo, dónde el don del Espíritu Santo, dónde el Pan de la Eucaristía…? Cuantos talentos recibidos y tristemente muchas veces enterrados.

En su retiro forzoso en la isla de Santa Elena, le hicieron la siguiente pregunta: – Emperador, de todos los días de su vida, (victorias multiples, batallas ganadas, coronación como emperador…), ¿cuál ha sido el día más feliz de su vida? – A lo que contestó Napoleón: – El día de mi primera comunión.

Dios quiera que no tengamos que llegar a nuestros últimos días para reconocer los dones recibidos. Celebremos que la Vida que nos comunica Dios por los sacramentos es incomparablemente el mayor bien que hemos recibido y recibiremos en esta vida. Con el cariño de siempre, vuestro párroco+

MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA

· Aquel “si” de María a la invitación del ángel es el primer paso de una larga lista de obediencias –¡larga lista de obediencias!– que acompañaran su itinerario de madre.

· María es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

· María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”. No se había ido. Y ahora, María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas.

· Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión.

· La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles.

· Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.

· En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza.

ANTE LAS PRÓXIMAS CITAS ELECTORALES

Querida familia parroquial, ante las próximas citas electorales, permitidme unas breves reflexiones desde el magisterio y la Palabra de Dios.

1. Hay ciertamente un deber de participar en la vida pública, de cooperar al bien común derivado del cuarto mandamiento, pero éste no puede reducirse al ejercicio del derecho al voto cada cuatro años. La Iglesia, en aplicación del principio de subsidiariedad, llama a la participación y responsabilidad de las personas, familias y agrupaciones sociales en todos los campos que afectan a la vida pública: educación, economía, cultura, trabajo. (cf. GS 76).

2. ¿A quién votar? Benedicto XVI habló de una serie de principios no negociables, no son verdades de fe, aunque de la fe reciban una nueva luz y confirmación. Están inscritos en la naturaleza humana y, por lo tanto, son comunes a toda humanidad. Su nombre lo dice, “principios no negociables”. En conciencia no se debiera votar a quien niega o lesiona estos principios.

· “protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;

· reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;

· protección del derecho de los padres a educar a sus hijos. “(Benedicto XVI, discurso del 20 de marzo de 2006).

3. La confesionalidad es un bien. “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11). Es un bien que un católico sin renunciar a su fe decida trabajar en política, es un bien que un grupo de católicos, en su acción política, sin renunciar a su confesionalidad decidan “informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con espíritu cristiano” (cf. AA 5). Lo que no les será lícito es atribuirse la representación exclusiva de los católicos o llamarse el partido de la Iglesia.

4. No pongamos toda nuestra esperanza en un voto. Una vez más seremos seducidos con la idea del cambio o con el miedo a los otros. Conviene recordar, que el sistema no tiene capacidad de regenerarse por sí mismo. Las alternativas y cambios, tantas veces no hacen sino prolongar con más o menos rapidez los mismos males. La solución solo vendrá si este se abre a Jesucristo. Aquí se puede aplicar lo que el Papa Francisco decía a los matrimonios, discutir pero no os acostéis sin hacer las paces. No permitáis que la diferencia de voto divida familias, enfrente a hermanos o separe a los vecinos.

Dios os bendiga, vuestro párroco Miguel Garisoain+

EL AMOR CUIDA LA VIDA

EL AMOR CUIDA LA VIDA Jornada por la vida, 25-3-19

· «Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios» . Frente a una idea de un Dios lejano que nos ha dejado solos y al que no interesan las cuestiones humanas, se nos presenta una verdad muy diferente de la cercanía de Dios en todas nuestras cosas, incluso las más cotidianas.

· Los cristianos estamos llamados a manifestar ese amor. La Iglesia, al recibir esta misión, es bien consciente de que «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Que repetir palabras de amor sin que de verdad cambie algo en la vida es un modo de falsearlas.

· Solo es posible ver en verdad la vida humana desde la luz de ese amor primero de Dios, donde encuentra su verdadero origen. Esto es lo que hace proclamar a la Iglesia con fuerza: «la vida es siempre un bien». Ha nacido de ese amor primero y por eso pide ser acogida y reconocida como digna de ser amada.

· Hemos de esmerarnos especialmente con «los pequeños», es decir, los más necesitados por tener una vida más vulnerable, débil o marginada.

· No es sencillo recibir el don de la vida y acompañarlo. Ese amor completo a la vida supone sacrificio y pasa por la prueba del dolor. La respuesta del amor frente al sufrimiento es un gran bien porque la misericordia no es solo compadecer, sino que tiende a establecer una alianza con el otro.

· El cristiano sabe que Cristo ha asumido el sufrimiento humano. No lo ha eliminado, ni lo ha explicado, sino que lo ha hecho suyo, y lo ha iluminado con su amor. Es la única respuesta total a la gran pregunta: «¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía?» La gran manifestación del amor del Padre es que ha entregado a su Hijo en la Cruz.

· Comunicar el gozo de un sentido grande de vivir es la misión que todo cristiano recibe de Cristo y que consiste en: «dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo» (Francisco, Gaudete et exúltate).

Extracto del mensaje de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.

SÁBADO 30 DE MARZO RETIRO PARROQUIAL DE CUARESMA

Queridas familias,

os proponemos este próximo sábado día 30 hacer un alto en el camino cuaresmal. Un alto para retomar el camino de seguimiento a Jesucristo. En el cartel adjunto viene toda la información. Estáis invitados,

A vuestra disposición,

Miguel Garisoain (vuestro párroco)+

Sobre la Oración (Benedicto XVI)

· La oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable. Por eso, la experiencia de la oración es un desafío, una «gracia» que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.

· La oración es el encuentro con Dios que renueva su fidelidad inquebrantable, su «sí» al hombre, a cada uno de nosotros. En nuestra oración estamos llamados a decir «sí» a Dios, a responder con este «amén» de la adhesión, de la fidelidad a Él a lo largo de toda nuestra vida.

· La oración cristiana consiste en mirar constantemente y de manera siempre nueva a Cristo, hablar con Él, estar en silencio con Él, escucharlo, obrar y sufrir con Él. Aprendo a rezar, alimento mi oración, dirigiéndome a Dios como Padre y orando con otros, orando con la Iglesia, aceptando el don de sus palabras, que poco a poco llegan a ser para mí familiares y ricas de sentido.

· Debemos llevar los acontecimientos de nuestra vida diaria a nuestra oración, para buscar su significado profundo y aprender a ver que Dios está presente en nuestra vida, también en los momentos difíciles, y que todo forma parte de un designio superior de amor. La oración nos ayuda a leer la historia en la perspectiva más adecuada y fiel, la de Dios.

· Los cristianos de hoy están llamados a ser testigos de oración, precisamente porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva al encuentro con Dios. En la amistad profunda con Jesús y viviendo en él y con él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios, podemos ayudar a otros a recorrer ese camino: también para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos.

· La presencia de María. María nos enseña la necesidad de la oración y que solo con un vínculo con su Hijo constante, íntimo, lleno de amor, podemos salir de nosotros mismos, con valentía, y anunciar por doquier al Señor Jesús, Salvador del mundo.

Sobre la Limosna (Benedicto XVI)

Sobre la Limosna (Benedicto XVI)

· ¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13). La limosna nos ayuda a vencer esta constante tentación, educándonos a socorrer al prójimo en sus necesidades y a compartir con los demás lo que poseemos por bondad divina.

· No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo.

· “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la población es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es aún más grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.

· Si al cumplir una buena acción no tenemos como finalidad la gloria de Dios y el verdadero bien de nuestros hermanos, sino que más bien aspiramos a satisfacer un interés personal o simplemente a obtener la aprobación de los demás, nos situamos fuera de la perspectiva evangélica. En la sociedad moderna de la imagen hay que estar muy atentos, ya que esta tentación se plantea continuamente.

· La limosna evangélica es una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesús, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros.

· Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos.

· Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno.

Desde la parroquia

Querida familia parroquial,

Estos días están a vuestra disposición en la parroquia unas hojas con el resumen de las cuentas parroquiales y unas notas que explican brevemente el detalle de las mismas, os animo a cogerlas.

Como sabéis, gracias a vuestra generosidad la parroquia no solo va para adelante, sino que puede ayudar a muchos. De cada 10€ que entran a la parroquia, 6€ salen fuera (a familias necesitadas de Zizur 13% de los ingresos; a diferentes causas, Domund, Manos Unidas, Segué… el 18% de los ingresos; y a la caja de compensación, es decir a nuestras parroquias hermanas e iglesia de Navarra el 25% de los ingresos. Gracias de corazón.

Junto con las cuentas se ha incluido una ficha para suscribir o actualizar una cuota periódica voluntaria a favor de la Parroquia. Os animamos a realizar vuestra aportación económica por esta vía, o a actualizar la que podáis tener. Es muy importante para que la parroquia, la casa de todos, pueda seguir haciendo su labor. Os recuerdo que todas las ayudas dadas por esta vía tienen una desgravación fiscal del 20%, de la que la parroquia informa puntualmente al Gobierno de Navarra.

Si quieres colaborar por esta vía, los datos que necesitamos son:

Nombre y apellidos:

DNI /NIF:

Dirección completa:

Teléfono:

Deseo colaborar durante el tiempo oportuno, con una aportación periódica (mensual, trimestral, semestral, anual) de:

Número de cuenta para la aportación parroquial.

De antemano, muchas gracias por tu colaboración.

Miguel Garisoain, vuestro párroco.

7 March, 2019 13:34

Sobre el Ayuno (Benedicto XVI)

· Es una antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio.

· Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.

· Es una la llamada a todo cristiano a no “vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos”.

· Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

· Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (3,17). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño.

· Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: “Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención”.