Día: 5 de septiembre de 2019

TRANSMITIR LA FE

La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo. Esto comienza en el bautismo, donde, como decía san Agustín, las madres que llevan a sus hijos «cooperan con el parto santo». Después comienza el camino del crecimiento de esa vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo. Entonces «es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración». La transmisión de la fe supone que los padres vivan la experiencia real de confiar en Dios, de buscarlo, de necesitarlo, porque sólo de ese modo «una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas» (Sal 144,4) y «el padre enseña a sus hijos tu fidelidad» (Is 38,19). Esto requiere que imploremos la acción de Dios en los corazones, allí donde no podemos llegar. El grano de mostaza, tan pequeña semilla, se convierte en un gran arbusto (cf. Mt 13,31-32), y así reconocemos la desproporción entre la acción y su efecto. Entonces sabemos que no somos dueños del don sino sus administradores cuidadosos. Pero nuestro empeño creativo es una ofrenda que nos permite colaborar con la iniciativa de Dios. Por ello, «han de ser valorados los cónyuges, madres y padres, como sujetos activos de la catequesis […] (Amoris Laetitia 287)

UNA PARROQUIA EN CAMINO. Bidean dagoen parroquia.

Querida familia parroquial,

Inicia el mes de septiembre y nos volvemos a poner en camino. No vamos solos, recordad que el que cree nunca está solo; el Señor resucitado, peregrino amigo, camina a nuestro lado, aunque tantas veces no lo veamos. Él está ahí alentándonos, levantándonos, encendiendo nuestro corazón con su Palabra y alimentándonos con el Pan de la Eucaristía. Cada encuentro con Él es una fuerza para volver a los hermanos (familia, comunidad parroquial,…los más necesitados), nunca nos aleja de los demás. El “camino” seguirá siendo el hilo conductor de los próximos meses.

En los próximos días se os irán presentando las diferentes instancias parroquiales donde vivir, compartir y celebrar la fe. Que nadie se quede fuera. Que nos ayudemos entre todos a estar cada vez más cerca del Corazón de Jesús.

Damos gracia a Dios por este tiempo estival que se va terminando, salpicado de actividades parroquiales (campamento scout, viaje de jóvenes a Andalucía, Camino de Santiago..); ojalá que haya sido un tiempo de descanso reparador, tan merecido y también tiempo de paz en el Señor para retomar con vigor y entusiasmo el nuevo curso.

Con el cariño de siempre recibid mi bendición y la de Rubén+

Vuestro párroco, Miguel.