Mes: abril 2018

GAUDETE ET EXSULTATE

El Papa Francisco publica su nueva Exhortación

Apostólica sobre la llamada a la santidad

En la introducción, el Papa explica que “el Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados”. “Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé perfecto’”. Francisco explica que el nuevo documento no es “un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación”. “Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más la llamada a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió ‘para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor’”, añade. La Exhortación, se divide en 5 capítulos: El llamado a la santidad; Dos sutiles enemigos de la santidad; A la luz del maestro; Algunas notas de la santidad en el mundo actual; Combate, vigilancia y discernimiento, todos ellos repartidos en 177 puntos. Se trata además el primer documento de este tipo que está dirigido en primera persona al lector. El Papa incluso pregunta si “¿eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”. Santos "de la puerta de al lado" “En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad”, añade después de estas preguntas. Francisco pide pensar en “los santos de la puerta de al lado”, es decir, no solo en los “ya beatificados o canonizados”. “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: en esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. La santidad ‘de la puerta de al lado’; ‘la clase media de la santidad’”. La Exhortación termina con un capítulo dedicado al combate, la vigilancia y al discernimiento. Sobre lo primero, Francisco subraya que “la vida cristiana es un combate permanente”. “Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida”.

LA VIDA, ESE FRÁGIL Y PRECIOSO REGALO

LA VIDA, ES FRÁGIL Y PRECIOSO REGALO

No cabía tanta vida en aquella oquedad de la muerte. Y reventó su tiniebla, siendo imparable que la luz entrase por cada rendija. De par en par, la piedra cedió el paso no a la vida de antes, no a la mortalidad precedente, sino a la vida nueva que a eternidad sabía. Así fue el triunfo de Jesús resucitado sobre su muerte y sobre la mía.

Es lo que celebramos los cristianos en estos cincuenta días de pascua. Ponemos en nuestros labios un canto que tiene como estribillo y estrofa un aleluya que no acaba en su agradecimiento conmovido por tamaña gracia. La vida es así acariciada, abrazada, respetada y defendida, porque hemos aprendido a mirarla con los ojos benditos de quien asomado a ella le dio su aliento vital, su bondad primera, su más íntima belleza.

Por eso, la vida es algo demasiado grande, demasiado bello como para no tomárnosla responsablemente en serio. Uno de los pasajes más sugestivos de la Biblia, en el libro de la Sabiduría, tiene una expresión en la que queda manifiesta la intención bondadosa y embellecedora de Dios Creador: «Tú amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho» (Sab 11,24). Esta es la afirmación humilde que el pueblo cristiano ha hecho a través de los siglos de su historia. No es un Dios hostil al hombre, y el hombre no es extraño ante Dios.

San Juan Pablo II nos regaló una encíclica tomando la vida como argumento de la buena noticia cristiana: «El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas» (Evangelium vitae, 1). Y tanto más sorprendente puede resultar este anuncio cuanto más está en entredicho de mil formas este regalo supremo de Dios que es sencillamente vivir.

Vale la pena releer un texto del Vaticano II en donde se puso nombre a los desmanes contemporáneos:

«todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana, deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador» (GS, 27).

Celebramos como cada año la Jornada de la Vida, en torno a la fiesta de la Encarnación del Señor. Es un modo precioso de construir un mundo nuevo y contribuir a la renovación de la sociedad porque como decía Juan Pablo II «no es posible construir el bien común sin reconocer y tutelar el derecho a la vida…. Ni puede tener bases sólidas una sociedad que –mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz– se contradice radicalmente aceptando o tolerando las formas más diversas de desprecio y violación de la vida humana sobre todo si es débil y marginada. Sólo el respeto de la vida puede fundamentar y garantizar los bienes más preciosos y necesarios de la sociedad, como la democracia y la paz» (Evang. Vitae 101). Jornada de la vida para dar gracias por ella. Para cantar el aleluya de la vida resucitada.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, Arzobispo de Oviedo

2º Domingo de Pascua. Fiesta de la Divina Misericordia

2º Domingo de Pascua, Fiesta de la Misericordia

Desde 1931 Santa Faustina Kowalska recibió mensajes de Jesús que luego escribió en un diario de más de 600 páginas dirigido a un mundo que necesitaba y continúa necesitado de la Misericordia de Dios.

Benedicto XVI dijo en una ocasión “Es un mensaje realmente central para nuestro tiempo: la misericordia como la fuerza de Dios, como el límite divino contra el mal del mundo”.

La Fiesta de la Misericordia será un refugio para todas las almas

“Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio para todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. En ese día se abren las profundidades de mi misericordia. Yo derramo un océano entero de gracias sobre aquellas almas que se acercan a la fuente de Mi misericordia. El alma que irá a la Confesión y recibirá la Sagrada Comunión obtendrá el perdón completo de los pecados y el castigo. Ese día todas las compuertas divinas a través de las cuales la gracia fluye se abren. Que nadie tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como el escarlata”. (Diario, 699)