Mes: febrero 2020

EL PAPA FRANCISCO SOBRE LA EUTANASIA

· La eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta a la que estamos llamados es no abandonar nunca a los que sufren, no rendirse nunca, sino cuidar y amar para dar esperanza

· La eutanasia y el suicidio asistido son serias amenazas para las familias de todo el mundo. Mientras que su práctica es legal en muchos Estados la Iglesia se opone firmemente a estas prácticas y siente el deber de ayudar a las familias que cuidan a sus seres queridos, tanto a los enfermos como a los ancianos (Amoris laetitia, 48).

· La cultura de la muerte y la cultura del descarte no son un signo de civilización sino un signo de abandono que también puede ser disfrazado de "falsa compasión". En cambio, es necesario asumir la tarea de trabajar junto a los que sufren y de acompañarles .

· El dolor, el sufrimiento, el sentido de la vida y de la muerte son realidades que la mentalidad contemporánea lucha por afrontar con una mirada llena de esperanza. Sin embargo, sin una esperanza confiable que le ayude a enfrentar el dolor y la muerte, el hombre no puede vivir bien y mantener una perspectiva segura de su futuro. Este es uno de los servicios que la Iglesia está llamada a prestar al hombre contemporáneo porque el amor, que se acerca de manera concreta y que encuentra en Jesús resucitado la plenitud del sentido de la vida, abre nuevas perspectivas y nuevos horizontes, incluso a quienes piensan que ya no pueden hacerlo.

UAP ZIZUR. 14 DE MARZO, JAVIERADA 2020

El día 14 de marzo participaremos en la Javierada las parroquias de la UAP Zizur.

Para ir andando, nos reuniremos a las 5 de la madrugada en la Parroquia de Sta. María de la Esperanza para recibir la bendición. Posteriormente traslado en coche hasta Noain para salir todos juntos.

Para los que queráis participar en el Vía Crucis, habrá un autobús que saldrá del Instituto de Zizur Mayor a la 1 del mediodía. Llevar almuerzo para comer en Sangüesa. A quienes sólo quieran acudir a la Misa (5 de la tarde), el autobús los acercará hasta Javier.

Podéis apuntaros en el 948 18 22 13 (lunes y jueves de 10,30h a 13´30h) o en la sacristía de Sta. María de la Esperanza de Doniantzu, antes del miércoles 11 de marzo. Precio: 10 €.

Cartel Javieradas con novena de la gracia.pdf

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO ACERCA DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Hoy quisiera hablaros del sacramento de la Unción de los enfermos, que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios.

Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», (Lc 10, 30-35). Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.

Pero cuando hay un enfermo muchas veces se piensa: «llamemos al sacerdote para que venga». «No, después trae mala suerte, no le llamemos», o bien «luego se asusta el enfermo». ¿Por qué se piensa esto? Porque existe un poco la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo y decir: «vaya, le dé la unción, bendígale». Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados. Y esto es hermoso.

No hay que pensar que esto es un tabú, porque es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno. Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él.

PAPA FRANCISCO.