EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES. Catequesis del Papa Francisco (2ª parte)

DON DE CONSEJO

· A través del don de consejo es Dios mismo, con su Espíritu, quien ilumina nuestro corazón, de tal forma que nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse; y el camino a seguir.

· El consejo es el don con el cual el Espíritu Santo capacita a nuestra conciencia para hacer una opción concreta en comunión con Dios, según la lógica de Jesús y de su Evangelio.

· La condición esencial para conservar este don es la oración. En la intimidad con Dios y en la escucha de su Palabra, poco a poco, dejamos a un lado nuestra lógica personal, impuesta la mayoría de las veces por nuestras cerrazones, nuestros prejuicios y nuestras ambiciones, y aprendemos, en cambio, a preguntar al Señor: ¿cuál es tu deseo?, ¿cuál es tu voluntad?, ¿qué te gusta a ti? Es el Espíritu quien nos aconseja, pero nosotros debemos dejar espacio al Espíritu, para que nos pueda aconsejar. Y dejar espacio es rezar, rezar para que Él venga y nos ayude siempre.

DON DE FORTALEZA

· Con este don Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad .

· Con el don de fortaleza, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de manera auténtica y gozosa.

· Queridos amigos, a veces podemos ser tentados de dejarnos llevar por la pereza o, peor aún, por el desaliento, sobre todo ante las fatigas y las pruebas de la vida. En estos casos, no nos desanimemos, invoquemos al Espíritu Santo, para que con el don de fortaleza dirija nuestro corazón y comunique nueva fuerza y entusiasmo a nuestra vida y a nuestro seguimiento de Jesús.

EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES

Catequesis del Papa Francisco (1ª parte)

· Espíritu Santo constituye el alma, la savia vital de la Iglesia y de cada cristiano: es el Amor de Dios que hace de nuestro corazón su morada y entra en comunión con nosotros.

· El Espíritu Santo siempre está en nosotros, en nuestro corazón.

· El Espíritu mismo es "el don de Dios" por excelencia (cf. Jn 4, 10), es un regalo de Dios, y, a su vez, comunica diversos dones espirituales a quien lo acoge. La Iglesia enumera siete, número que simbólicamente significa plenitud, totalidad. Los invocamos en la antigua oración llamada "Secuencia del Espíritu Santo".

· Los dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

· Sabiduría. Es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente esto: es ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Algunas veces vemos las cosas según nuestro gusto o según la situación de nuestro corazón, con amor o con odio, con envidia… No, esto no es el ojo de Dios. La sabiduría de Dios nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios.

· Inteligencia. Es una gracia que solo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su diseño de salvación.

¿POR QUÉ APUNTARSE A CATEQUESIS?

Ir a catequesis es:

· Encontrarse con Jesús que está vivo. No es una clase, donde el catequista es un profe que da una lección.

· Conocer a Jesús, amarle y seguirle, para ser personas al estilo de Jesús y hacer felices a los demás.

· Escuchar a Jesús que nos habla cuando proclamamos la Palabra de Dios.

· Recibir la fuerza y la vida del Espíritu Santo que ilumina y llena.

· Vivir la fe con una pequeña comunidad de amigos, que es el grupo de catequesis.

· Compartir desde el corazón lo que sentimos y lo que vivimos.

· Es hacerse cristiano, que no es sólo hacer la Primera Comunión, o la Confirmación. La catequesis para ser fecunda encuentra su savia en la Liturgia y en los Sacramentos, de un modo especial en la Eucaristía.

Esta pequeña historia doméstica nos muestra la importancia de la catequesis para el desarrollo y crecimiento se nuestros niños y jóvenes.

Hace unos días una señora le preguntó a mi hijo mediano:

-¿Qué haces después del cole?

– Tarea y deportes.

– ¿Y qué deportes haces?

– Fútbol, natación y catequesis.

– ¡Pero si catequesis no es un deporte!

Mi hijo me miró y se sonrió. Yo lo encontré con la mirada y le devolví la sonrisa. Dudo que la señora haya entendido que nuestro silencio tenía detrás muchas conversaciones sobre el tema…

¿Este hijo del que les hablo, como todos sus hermanos (y seguramente como cualquier otro niño de su edad), nos ha pedido explicaciones muchas veces de por qué le apuntamos a catequesis.Un día con tono de queja y sin ánimo de subirse al coche me lo volvió a preguntar. Y ya un tanto cansado de la misma pregunta, decidí ser práctica y lo más clara posible. Resultó que, sin querer y para mi gran sorpresa, logré ser profunda y convincente. Al menos nunca más me lo volvió a preguntar.

– Pero, mamá, ¿por qué tengo que ir a catequesis?

– Por la misma razón que vas a natación. ¿Te acuerdas de que tampoco querías ir y te quejabas? ¿Por qué crees entonces que desde pequeño vas a natación?

– Para saber nadar, y así no me ahogo.

– Bueno, lo mismo pasa con la catequesis. Vas para que no se ahogue tu alma.

– Ah, ok.

Con esa naturalidad y frescura entendió. No necesité decir nada más. Pude haberle dado mejores explicaciones, más teológicas y elaboradas, sin duda. Pero esa vez me limité a que entendiera que, al igual que Jesús con sus discípulos, a mí me importa mucho que mis hijos puedan hundirse. Es ésta una de las razones por las cuales les mando a catequesis, porque el alma también se ejercita. Y aunque nunca es tarde para empezar, al igual que con los deportes, si van a catequesis desde pequeños les será más fácil salir a flote cuando tengan la corriente en contra, sientan que se hunden o toquen fondo, porque habrán conocido de cerca a Jesús y caminarán de su mano.

CONFIRMACIONES Y PRIMERAS COMUNIONES

Querida familia parroquial, todo este mes de mayo está repleto de celebraciones gozosas. Adelantándonos a la cosecha del cereal, nos toca recoger los frutos de lo sembrado estos últimos cursos de catequesis. Primero fueron las confirmaciones, 27 jóvenes de la parroquia se abrieron al Don del Amor de Dios, el Espíritu Santo; desde el fin de semana pasado se vienen celebrando las primeras comuniones de más de 50 niños. También este mes ha sido salpicado de bautizos. Hermosos frutos, anticipo de futuras cosechas…Elevamos una acción de gracias a Dios por tanta misericordia y a todos los que de una manera u otra habéis participado de este trabajo orquestal (catequistas, padres, curas…) gracias.

Todo don es tarea. Todo don es responsabilidad. ¿Dónde queda nuestro bautismo, dónde el don del Espíritu Santo, dónde el Pan de la Eucaristía…? Cuantos talentos recibidos y tristemente muchas veces enterrados.

En su retiro forzoso en la isla de Santa Elena, le hicieron la siguiente pregunta: – Emperador, de todos los días de su vida, (victorias multiples, batallas ganadas, coronación como emperador…), ¿cuál ha sido el día más feliz de su vida? – A lo que contestó Napoleón: – El día de mi primera comunión.

Dios quiera que no tengamos que llegar a nuestros últimos días para reconocer los dones recibidos. Celebremos que la Vida que nos comunica Dios por los sacramentos es incomparablemente el mayor bien que hemos recibido y recibiremos en esta vida. Con el cariño de siempre, vuestro párroco+

MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA

· Aquel “si” de María a la invitación del ángel es el primer paso de una larga lista de obediencias –¡larga lista de obediencias!– que acompañaran su itinerario de madre.

· María es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

· María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”. No se había ido. Y ahora, María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas.

· Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión.

· La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles.

· Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.

· En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza.

ANTE LAS PRÓXIMAS CITAS ELECTORALES

Querida familia parroquial, ante las próximas citas electorales, permitidme unas breves reflexiones desde el magisterio y la Palabra de Dios.

1. Hay ciertamente un deber de participar en la vida pública, de cooperar al bien común derivado del cuarto mandamiento, pero éste no puede reducirse al ejercicio del derecho al voto cada cuatro años. La Iglesia, en aplicación del principio de subsidiariedad, llama a la participación y responsabilidad de las personas, familias y agrupaciones sociales en todos los campos que afectan a la vida pública: educación, economía, cultura, trabajo. (cf. GS 76).

2. ¿A quién votar? Benedicto XVI habló de una serie de principios no negociables, no son verdades de fe, aunque de la fe reciban una nueva luz y confirmación. Están inscritos en la naturaleza humana y, por lo tanto, son comunes a toda humanidad. Su nombre lo dice, “principios no negociables”. En conciencia no se debiera votar a quien niega o lesiona estos principios.

· “protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;

· reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;

· protección del derecho de los padres a educar a sus hijos. “(Benedicto XVI, discurso del 20 de marzo de 2006).

3. La confesionalidad es un bien. “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11). Es un bien que un católico sin renunciar a su fe decida trabajar en política, es un bien que un grupo de católicos, en su acción política, sin renunciar a su confesionalidad decidan “informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con espíritu cristiano” (cf. AA 5). Lo que no les será lícito es atribuirse la representación exclusiva de los católicos o llamarse el partido de la Iglesia.

4. No pongamos toda nuestra esperanza en un voto. Una vez más seremos seducidos con la idea del cambio o con el miedo a los otros. Conviene recordar, que el sistema no tiene capacidad de regenerarse por sí mismo. Las alternativas y cambios, tantas veces no hacen sino prolongar con más o menos rapidez los mismos males. La solución solo vendrá si este se abre a Jesucristo. Aquí se puede aplicar lo que el Papa Francisco decía a los matrimonios, discutir pero no os acostéis sin hacer las paces. No permitáis que la diferencia de voto divida familias, enfrente a hermanos o separe a los vecinos.

Dios os bendiga, vuestro párroco Miguel Garisoain+

EL AMOR CUIDA LA VIDA

EL AMOR CUIDA LA VIDA Jornada por la vida, 25-3-19

· «Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios» . Frente a una idea de un Dios lejano que nos ha dejado solos y al que no interesan las cuestiones humanas, se nos presenta una verdad muy diferente de la cercanía de Dios en todas nuestras cosas, incluso las más cotidianas.

· Los cristianos estamos llamados a manifestar ese amor. La Iglesia, al recibir esta misión, es bien consciente de que «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Que repetir palabras de amor sin que de verdad cambie algo en la vida es un modo de falsearlas.

· Solo es posible ver en verdad la vida humana desde la luz de ese amor primero de Dios, donde encuentra su verdadero origen. Esto es lo que hace proclamar a la Iglesia con fuerza: «la vida es siempre un bien». Ha nacido de ese amor primero y por eso pide ser acogida y reconocida como digna de ser amada.

· Hemos de esmerarnos especialmente con «los pequeños», es decir, los más necesitados por tener una vida más vulnerable, débil o marginada.

· No es sencillo recibir el don de la vida y acompañarlo. Ese amor completo a la vida supone sacrificio y pasa por la prueba del dolor. La respuesta del amor frente al sufrimiento es un gran bien porque la misericordia no es solo compadecer, sino que tiende a establecer una alianza con el otro.

· El cristiano sabe que Cristo ha asumido el sufrimiento humano. No lo ha eliminado, ni lo ha explicado, sino que lo ha hecho suyo, y lo ha iluminado con su amor. Es la única respuesta total a la gran pregunta: «¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía?» La gran manifestación del amor del Padre es que ha entregado a su Hijo en la Cruz.

· Comunicar el gozo de un sentido grande de vivir es la misión que todo cristiano recibe de Cristo y que consiste en: «dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo» (Francisco, Gaudete et exúltate).

Extracto del mensaje de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida.

SÁBADO 30 DE MARZO RETIRO PARROQUIAL DE CUARESMA

Queridas familias,

os proponemos este próximo sábado día 30 hacer un alto en el camino cuaresmal. Un alto para retomar el camino de seguimiento a Jesucristo. En el cartel adjunto viene toda la información. Estáis invitados,

A vuestra disposición,

Miguel Garisoain (vuestro párroco)+

Sobre la Oración (Benedicto XVI)

· La oración es el lugar por excelencia de la gratuidad, del tender hacia el Invisible, el Inesperado y el Inefable. Por eso, la experiencia de la oración es un desafío, una «gracia» que invocar, un don de Aquel al que nos dirigimos.

· La oración es el encuentro con Dios que renueva su fidelidad inquebrantable, su «sí» al hombre, a cada uno de nosotros. En nuestra oración estamos llamados a decir «sí» a Dios, a responder con este «amén» de la adhesión, de la fidelidad a Él a lo largo de toda nuestra vida.

· La oración cristiana consiste en mirar constantemente y de manera siempre nueva a Cristo, hablar con Él, estar en silencio con Él, escucharlo, obrar y sufrir con Él. Aprendo a rezar, alimento mi oración, dirigiéndome a Dios como Padre y orando con otros, orando con la Iglesia, aceptando el don de sus palabras, que poco a poco llegan a ser para mí familiares y ricas de sentido.

· Debemos llevar los acontecimientos de nuestra vida diaria a nuestra oración, para buscar su significado profundo y aprender a ver que Dios está presente en nuestra vida, también en los momentos difíciles, y que todo forma parte de un designio superior de amor. La oración nos ayuda a leer la historia en la perspectiva más adecuada y fiel, la de Dios.

· Los cristianos de hoy están llamados a ser testigos de oración, precisamente porque nuestro mundo está a menudo cerrado al horizonte divino y a la esperanza que lleva al encuentro con Dios. En la amistad profunda con Jesús y viviendo en él y con él la relación filial con el Padre, a través de nuestra oración fiel y constante, podemos abrir ventanas hacia el cielo de Dios, podemos ayudar a otros a recorrer ese camino: también para la oración cristiana es verdad que, caminando, se abren caminos.

· La presencia de María. María nos enseña la necesidad de la oración y que solo con un vínculo con su Hijo constante, íntimo, lleno de amor, podemos salir de nosotros mismos, con valentía, y anunciar por doquier al Señor Jesús, Salvador del mundo.