Querida familia parroquial,

También la hoja “En familian” dice fin al curso presente. El Señor nos pone por delante unos días de descanso, para evaluar lo vivido en los meses anteriores, así como para coger fuerzas para el próximo curso.

Quisiera desearos a todos un feliz verano, allí donde os toque vivirlo. Ojalá que podáis vivirlo lo más cristianamente posible, en familia (recuperando tiempos y conversaciones perdidas, que nos roba el ajetreo del día a día, especialmente el móvil), disfrutando de la creación, leyendo un buen libro, sacando espacios para la oración y la celebración de la Eucaristía, para estar con los “descartados” de la sociedad: niños, enfermos y mayores.

Lo normal es cansarse cuando uno ha trabajado. A veces nuestra sociedad está obsesionada con el descanso, hasta el punto de limitar nuestra capacidad de entrega y generosidad. La gran paradoja es que muchas veces volvemos cansados del tiempo de descanso. ¿Qué hacemos mal?

La clave del descanso está en aquello que decía San Juan de la Cruz: “el que con amor anda, ni cansa ni se cansa”. El amor, que nos injerta en Dios, es lo que nos hace verdaderamente descansar. Amor a Dios y al prójimo, buscar ante todo hacer su voluntad. He ahí la fuente de la paz, no hay que irse lejos, no hay que gastar grandes sumas, está al alcance de todos.

Os adjunto una foto del día de clausura, del campamento de verano del grupo parroquial Scout Doniantzu. Ha sido una bendición de campamento, pistoletazo de salida de un largo verano, donde además hay programado un viaje a Andalucía para jóvenes y unas etapas del camino de Santiago para los más andarines.

Con el cariño de siempre un fuerte abrazo y bendición de vuestro párroco Miguel+

¡Feliz verano!

EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES Catequesis del Papa Francisco (3ª parte)

DON DE CIENCIA

  • La ciencia que viene del Espíritu Santo, sin embargo, no se limita al conocimiento humano: es un don especial, que nos lleva a captar, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con cada creatura.
  • El cuidado de la creación es precisamente la custodia del don de Dios y es decir a Dios: «Gracias, yo soy el custodio de la creación para hacerla progresar, jamás para destruir tu don».

DON DE PIEDAD

  • Este don no se identifica con el tener compasión de alguien, tener piedad del prójimo, sino que indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, un vínculo que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, incluso en los momentos más difíciles y tormentosos.
  • Se trata de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos dona Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo, de alegría. Nos hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como hijos suyos, al mismo tiempo nos ayuda a volcar este amor también en los demás y a reconocerlos como hermanos.

DON DE TEMOR DE DIOS

  • Es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos.
  • Muchas veces, en efecto, no logramos captar el designio de Dios, y nos damos cuenta de que no somos capaces de asegurarnos por nosotros mismos la felicidad y la vida eterna. Sin embargo, es precisamente en la experiencia de nuestros límites y de nuestra pobreza donde el Espíritu nos conforta y nos hace percibir que la única cosa importante es dejarnos conducir por Jesús a los brazos de su Padre.

EL PAPA FRANCISCO EN LA FESTIVIDAD DEL CORPUS (2013)

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros buscamos seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe.

Preguntémonos: ¿cómo sigo yo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás.

Esta tarde, de nuevo, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su Cuerpo, Él se hace don. Y también nosotros experimentamos la «solidaridad de Dios» con el hombre, una solidaridad que jamás se agota, una solidaridad que no acaba de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo y la muerte. Jesús también esta tarde se da a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más, se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida también en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos ralentizan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.

Así que preguntémonos esta tarde, al adorar a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor, que se da a mi, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de dar, de compartir, de amarle a Él y a los demás?

EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES. Catequesis del Papa Francisco (2ª parte)

DON DE CONSEJO

· A través del don de consejo es Dios mismo, con su Espíritu, quien ilumina nuestro corazón, de tal forma que nos hace comprender el modo justo de hablar y de comportarse; y el camino a seguir.

· El consejo es el don con el cual el Espíritu Santo capacita a nuestra conciencia para hacer una opción concreta en comunión con Dios, según la lógica de Jesús y de su Evangelio.

· La condición esencial para conservar este don es la oración. En la intimidad con Dios y en la escucha de su Palabra, poco a poco, dejamos a un lado nuestra lógica personal, impuesta la mayoría de las veces por nuestras cerrazones, nuestros prejuicios y nuestras ambiciones, y aprendemos, en cambio, a preguntar al Señor: ¿cuál es tu deseo?, ¿cuál es tu voluntad?, ¿qué te gusta a ti? Es el Espíritu quien nos aconseja, pero nosotros debemos dejar espacio al Espíritu, para que nos pueda aconsejar. Y dejar espacio es rezar, rezar para que Él venga y nos ayude siempre.

DON DE FORTALEZA

· Con este don Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad .

· Con el don de fortaleza, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de manera auténtica y gozosa.

· Queridos amigos, a veces podemos ser tentados de dejarnos llevar por la pereza o, peor aún, por el desaliento, sobre todo ante las fatigas y las pruebas de la vida. En estos casos, no nos desanimemos, invoquemos al Espíritu Santo, para que con el don de fortaleza dirija nuestro corazón y comunique nueva fuerza y entusiasmo a nuestra vida y a nuestro seguimiento de Jesús.

EL ESPÍRITU SANTO Y SUS DONES

Catequesis del Papa Francisco (1ª parte)

· Espíritu Santo constituye el alma, la savia vital de la Iglesia y de cada cristiano: es el Amor de Dios que hace de nuestro corazón su morada y entra en comunión con nosotros.

· El Espíritu Santo siempre está en nosotros, en nuestro corazón.

· El Espíritu mismo es "el don de Dios" por excelencia (cf. Jn 4, 10), es un regalo de Dios, y, a su vez, comunica diversos dones espirituales a quien lo acoge. La Iglesia enumera siete, número que simbólicamente significa plenitud, totalidad. Los invocamos en la antigua oración llamada "Secuencia del Espíritu Santo".

· Los dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

· Sabiduría. Es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente esto: es ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios. Algunas veces vemos las cosas según nuestro gusto o según la situación de nuestro corazón, con amor o con odio, con envidia… No, esto no es el ojo de Dios. La sabiduría de Dios nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios.

· Inteligencia. Es una gracia que solo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su diseño de salvación.

¿POR QUÉ APUNTARSE A CATEQUESIS?

Ir a catequesis es:

· Encontrarse con Jesús que está vivo. No es una clase, donde el catequista es un profe que da una lección.

· Conocer a Jesús, amarle y seguirle, para ser personas al estilo de Jesús y hacer felices a los demás.

· Escuchar a Jesús que nos habla cuando proclamamos la Palabra de Dios.

· Recibir la fuerza y la vida del Espíritu Santo que ilumina y llena.

· Vivir la fe con una pequeña comunidad de amigos, que es el grupo de catequesis.

· Compartir desde el corazón lo que sentimos y lo que vivimos.

· Es hacerse cristiano, que no es sólo hacer la Primera Comunión, o la Confirmación. La catequesis para ser fecunda encuentra su savia en la Liturgia y en los Sacramentos, de un modo especial en la Eucaristía.

Esta pequeña historia doméstica nos muestra la importancia de la catequesis para el desarrollo y crecimiento se nuestros niños y jóvenes.

Hace unos días una señora le preguntó a mi hijo mediano:

-¿Qué haces después del cole?

– Tarea y deportes.

– ¿Y qué deportes haces?

– Fútbol, natación y catequesis.

– ¡Pero si catequesis no es un deporte!

Mi hijo me miró y se sonrió. Yo lo encontré con la mirada y le devolví la sonrisa. Dudo que la señora haya entendido que nuestro silencio tenía detrás muchas conversaciones sobre el tema…

¿Este hijo del que les hablo, como todos sus hermanos (y seguramente como cualquier otro niño de su edad), nos ha pedido explicaciones muchas veces de por qué le apuntamos a catequesis.Un día con tono de queja y sin ánimo de subirse al coche me lo volvió a preguntar. Y ya un tanto cansado de la misma pregunta, decidí ser práctica y lo más clara posible. Resultó que, sin querer y para mi gran sorpresa, logré ser profunda y convincente. Al menos nunca más me lo volvió a preguntar.

– Pero, mamá, ¿por qué tengo que ir a catequesis?

– Por la misma razón que vas a natación. ¿Te acuerdas de que tampoco querías ir y te quejabas? ¿Por qué crees entonces que desde pequeño vas a natación?

– Para saber nadar, y así no me ahogo.

– Bueno, lo mismo pasa con la catequesis. Vas para que no se ahogue tu alma.

– Ah, ok.

Con esa naturalidad y frescura entendió. No necesité decir nada más. Pude haberle dado mejores explicaciones, más teológicas y elaboradas, sin duda. Pero esa vez me limité a que entendiera que, al igual que Jesús con sus discípulos, a mí me importa mucho que mis hijos puedan hundirse. Es ésta una de las razones por las cuales les mando a catequesis, porque el alma también se ejercita. Y aunque nunca es tarde para empezar, al igual que con los deportes, si van a catequesis desde pequeños les será más fácil salir a flote cuando tengan la corriente en contra, sientan que se hunden o toquen fondo, porque habrán conocido de cerca a Jesús y caminarán de su mano.

CONFIRMACIONES Y PRIMERAS COMUNIONES

Querida familia parroquial, todo este mes de mayo está repleto de celebraciones gozosas. Adelantándonos a la cosecha del cereal, nos toca recoger los frutos de lo sembrado estos últimos cursos de catequesis. Primero fueron las confirmaciones, 27 jóvenes de la parroquia se abrieron al Don del Amor de Dios, el Espíritu Santo; desde el fin de semana pasado se vienen celebrando las primeras comuniones de más de 50 niños. También este mes ha sido salpicado de bautizos. Hermosos frutos, anticipo de futuras cosechas…Elevamos una acción de gracias a Dios por tanta misericordia y a todos los que de una manera u otra habéis participado de este trabajo orquestal (catequistas, padres, curas…) gracias.

Todo don es tarea. Todo don es responsabilidad. ¿Dónde queda nuestro bautismo, dónde el don del Espíritu Santo, dónde el Pan de la Eucaristía…? Cuantos talentos recibidos y tristemente muchas veces enterrados.

En su retiro forzoso en la isla de Santa Elena, le hicieron la siguiente pregunta: – Emperador, de todos los días de su vida, (victorias multiples, batallas ganadas, coronación como emperador…), ¿cuál ha sido el día más feliz de su vida? – A lo que contestó Napoleón: – El día de mi primera comunión.

Dios quiera que no tengamos que llegar a nuestros últimos días para reconocer los dones recibidos. Celebremos que la Vida que nos comunica Dios por los sacramentos es incomparablemente el mayor bien que hemos recibido y recibiremos en esta vida. Con el cariño de siempre, vuestro párroco+

MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA

· Aquel “si” de María a la invitación del ángel es el primer paso de una larga lista de obediencias –¡larga lista de obediencias!– que acompañaran su itinerario de madre.

· María es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

· María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”. No se había ido. Y ahora, María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas.

· Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión.

· La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles.

· Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.

· En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza.

ANTE LAS PRÓXIMAS CITAS ELECTORALES

Querida familia parroquial, ante las próximas citas electorales, permitidme unas breves reflexiones desde el magisterio y la Palabra de Dios.

1. Hay ciertamente un deber de participar en la vida pública, de cooperar al bien común derivado del cuarto mandamiento, pero éste no puede reducirse al ejercicio del derecho al voto cada cuatro años. La Iglesia, en aplicación del principio de subsidiariedad, llama a la participación y responsabilidad de las personas, familias y agrupaciones sociales en todos los campos que afectan a la vida pública: educación, economía, cultura, trabajo. (cf. GS 76).

2. ¿A quién votar? Benedicto XVI habló de una serie de principios no negociables, no son verdades de fe, aunque de la fe reciban una nueva luz y confirmación. Están inscritos en la naturaleza humana y, por lo tanto, son comunes a toda humanidad. Su nombre lo dice, “principios no negociables”. En conciencia no se debiera votar a quien niega o lesiona estos principios.

· “protección de la vida en todas sus etapas, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural;

· reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio, y su defensa contra los intentos de equipararla jurídicamente a formas radicalmente diferentes de unión que, en realidad, la dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su irreemplazable papel social;

· protección del derecho de los padres a educar a sus hijos. “(Benedicto XVI, discurso del 20 de marzo de 2006).

3. La confesionalidad es un bien. “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11). Es un bien que un católico sin renunciar a su fe decida trabajar en política, es un bien que un grupo de católicos, en su acción política, sin renunciar a su confesionalidad decidan “informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con espíritu cristiano” (cf. AA 5). Lo que no les será lícito es atribuirse la representación exclusiva de los católicos o llamarse el partido de la Iglesia.

4. No pongamos toda nuestra esperanza en un voto. Una vez más seremos seducidos con la idea del cambio o con el miedo a los otros. Conviene recordar, que el sistema no tiene capacidad de regenerarse por sí mismo. Las alternativas y cambios, tantas veces no hacen sino prolongar con más o menos rapidez los mismos males. La solución solo vendrá si este se abre a Jesucristo. Aquí se puede aplicar lo que el Papa Francisco decía a los matrimonios, discutir pero no os acostéis sin hacer las paces. No permitáis que la diferencia de voto divida familias, enfrente a hermanos o separe a los vecinos.

Dios os bendiga, vuestro párroco Miguel Garisoain+