Mes: mayo 2019

¿POR QUÉ APUNTARSE A CATEQUESIS?

Ir a catequesis es:

· Encontrarse con Jesús que está vivo. No es una clase, donde el catequista es un profe que da una lección.

· Conocer a Jesús, amarle y seguirle, para ser personas al estilo de Jesús y hacer felices a los demás.

· Escuchar a Jesús que nos habla cuando proclamamos la Palabra de Dios.

· Recibir la fuerza y la vida del Espíritu Santo que ilumina y llena.

· Vivir la fe con una pequeña comunidad de amigos, que es el grupo de catequesis.

· Compartir desde el corazón lo que sentimos y lo que vivimos.

· Es hacerse cristiano, que no es sólo hacer la Primera Comunión, o la Confirmación. La catequesis para ser fecunda encuentra su savia en la Liturgia y en los Sacramentos, de un modo especial en la Eucaristía.

Esta pequeña historia doméstica nos muestra la importancia de la catequesis para el desarrollo y crecimiento se nuestros niños y jóvenes.

Hace unos días una señora le preguntó a mi hijo mediano:

-¿Qué haces después del cole?

– Tarea y deportes.

– ¿Y qué deportes haces?

– Fútbol, natación y catequesis.

– ¡Pero si catequesis no es un deporte!

Mi hijo me miró y se sonrió. Yo lo encontré con la mirada y le devolví la sonrisa. Dudo que la señora haya entendido que nuestro silencio tenía detrás muchas conversaciones sobre el tema…

¿Este hijo del que les hablo, como todos sus hermanos (y seguramente como cualquier otro niño de su edad), nos ha pedido explicaciones muchas veces de por qué le apuntamos a catequesis.Un día con tono de queja y sin ánimo de subirse al coche me lo volvió a preguntar. Y ya un tanto cansado de la misma pregunta, decidí ser práctica y lo más clara posible. Resultó que, sin querer y para mi gran sorpresa, logré ser profunda y convincente. Al menos nunca más me lo volvió a preguntar.

– Pero, mamá, ¿por qué tengo que ir a catequesis?

– Por la misma razón que vas a natación. ¿Te acuerdas de que tampoco querías ir y te quejabas? ¿Por qué crees entonces que desde pequeño vas a natación?

– Para saber nadar, y así no me ahogo.

– Bueno, lo mismo pasa con la catequesis. Vas para que no se ahogue tu alma.

– Ah, ok.

Con esa naturalidad y frescura entendió. No necesité decir nada más. Pude haberle dado mejores explicaciones, más teológicas y elaboradas, sin duda. Pero esa vez me limité a que entendiera que, al igual que Jesús con sus discípulos, a mí me importa mucho que mis hijos puedan hundirse. Es ésta una de las razones por las cuales les mando a catequesis, porque el alma también se ejercita. Y aunque nunca es tarde para empezar, al igual que con los deportes, si van a catequesis desde pequeños les será más fácil salir a flote cuando tengan la corriente en contra, sientan que se hunden o toquen fondo, porque habrán conocido de cerca a Jesús y caminarán de su mano.

CONFIRMACIONES Y PRIMERAS COMUNIONES

Querida familia parroquial, todo este mes de mayo está repleto de celebraciones gozosas. Adelantándonos a la cosecha del cereal, nos toca recoger los frutos de lo sembrado estos últimos cursos de catequesis. Primero fueron las confirmaciones, 27 jóvenes de la parroquia se abrieron al Don del Amor de Dios, el Espíritu Santo; desde el fin de semana pasado se vienen celebrando las primeras comuniones de más de 50 niños. También este mes ha sido salpicado de bautizos. Hermosos frutos, anticipo de futuras cosechas…Elevamos una acción de gracias a Dios por tanta misericordia y a todos los que de una manera u otra habéis participado de este trabajo orquestal (catequistas, padres, curas…) gracias.

Todo don es tarea. Todo don es responsabilidad. ¿Dónde queda nuestro bautismo, dónde el don del Espíritu Santo, dónde el Pan de la Eucaristía…? Cuantos talentos recibidos y tristemente muchas veces enterrados.

En su retiro forzoso en la isla de Santa Elena, le hicieron la siguiente pregunta: – Emperador, de todos los días de su vida, (victorias multiples, batallas ganadas, coronación como emperador…), ¿cuál ha sido el día más feliz de su vida? – A lo que contestó Napoleón: – El día de mi primera comunión.

Dios quiera que no tengamos que llegar a nuestros últimos días para reconocer los dones recibidos. Celebremos que la Vida que nos comunica Dios por los sacramentos es incomparablemente el mayor bien que hemos recibido y recibiremos en esta vida. Con el cariño de siempre, vuestro párroco+

MARÍA, MADRE DE LA ESPERANZA

· Aquel “si” de María a la invitación del ángel es el primer paso de una larga lista de obediencias –¡larga lista de obediencias!– que acompañaran su itinerario de madre.

· María es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

· María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”. No se había ido. Y ahora, María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas.

· Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión.

· La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles.

· Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.

· En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza.