Mes: octubre 2018

CARITAS ACOGIDA

“La caridad de Cristo nos urge” dice San Pablo, es lógico que la celebración de nuestra fe, suscite el deseo de socorrer a Cristo en nuestros hermanos más “pequeños”. Así nace desde el grupo de cáritas parroquial una nueva y hermosa iniciativa. CARITAS ACOGIDA. Un espacio de encuentro, escucha y acompañamiento a las personas en situación de pobreza, exclusión y vulnerabilidad de Zizur Mayor. En el horizonte siempre la integración en nuestra comunidad, discerniendo en cada caso su situación personal y la necesidades concretas que tenga. No es un espacio que tenga como fin, en primer lugar, el reparto de ningún tipo de ayuda directa: económica o material (alimentos, ropa…), sino como hemos dicho, es un lugar de encuentro y escucha. Un servicio desde Cristo y hecho al mismo Cristo. Después habrá un segundo momento de discernimiento en el que se estudie la mejor manera de ayudar a esa persona. ¡Empieza ya!, de forma ordinaria serán los lunes de 6 a 8 de la tarde en el despacho nº1 de los locales parroquiales. ¡Que Dios bendiga esta nueva iniciativa y María nuestra madre nos acompañe en este camino!.

ACOMPAÑAR DESPUÉS DE RUPTURAS Y DIVORCIOS

ACOMPAÑAR DESPUES DE RUPTURAS Y DIVORCIOS (De la Amoris laetitia)

242. Los Padres indicaron que «un discernimiento particular es indispensable para acompañar pastoralmente a los separados, los divorciados, los abandonados. Hay que acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge. El perdón por la injusticia sufrida no es fácil, pero es un camino que la gracia hace posible. De aquí la necesidad de una pastoral de la reconciliación y de la mediación, a través de centros de escucha especializados que habría que establecer en las diócesis»[259]. Al mismo tiempo, «hay que alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar —que a menudo son testigos de la fidelidad matrimonial— a encontrar en la Eucaristía el alimento que las sostenga en su estado. La comunidad local y los pastores deben acompañar a estas personas con solicitud, sobre todo cuando hay hijos o su situación de pobreza es grave»[260]. Un fracaso familiar se vuelve mucho más traumático y doloroso cuando hay pobreza, porque hay muchos menos recursos para reorientar la existencia. Una persona pobre que pierde el ámbito de la tutela de la familia queda doblemente expuesta al abandono y a todo tipo de riesgos para su integridad.

243. A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que «no están excomulgadas» y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial[261]. Estas situaciones «exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas, y promoviendo su participación en la vida de la comunidad. Para la comunidad cristiana, hacerse cargo de ellos no implica un debilitamiento de su fe y de su testimonio acerca de la indisolubilidad matrimonial, es más, en ese cuidado expresa precisamente su caridad»[262].